Es difícil poner en palabras lo que significa formarse con un hombre que recuperó a más de 110 mil desnutridos. Cuando regresé de España en 1992 con la idea de servir y dedicarme a combatir la desnutrición infantil en mí país, fui a buscar al mejor en la materia. Fernando Mönckeberg, médico, bioquímico y economista, que preparó y ejecutó el plan que erradicó la desnutrición infantil en Chile, aceptó el desafío de enseñarme todo lo que se.

Su conocimiento no solamente estaba en sus 13 libros o en su contribución científica plasmada en los ciento treinta trabajos publicados en revistas nacionales y extranjeras. Creador del Instituto de Nutrición y Tecnología en Alimentos de la Universidad de Chile (INTA) y de la Corporación para la Nutrición Infantil (CONIN), galardonado con premios como el Abraham Horwitz de la Pan American Health and Education Foundation por ser el científico más destacado en el campo de la salud pública en América (1979) y el Christophersen de la American of Pediatrics como el Pediatra del Año (1985), era el símbolo de que era posible comenzar un trabajo con la mortalidad infantil más alta de América Latina para luego hacerla descender hasta el último lugar. Eso había hecho en su patria, y con su metodología aprendida, cruzamos la Cordillera de los Andes. De su mano fue como comenzó CONIN Argentina. Incluso, todavía, a sus 91 años y con una plena actividad como Vicepresidente de nuestra institución, nos sigue enseñando. 

¿Qué le agregamos a su obra? Los Centros de Prevención de Desnutrición Infantil y Promoción Humana, que ya son 110 distribuidos en 18 provincias del territorio y 9 en el extranjero (ubicados en Perú, Paraguay, Guatemala, México y Gambia), por los que han pasado 20 mil niños. Allá en Chile solamente había Centros de Tratamiento como el que replicamos en Las Heras, Mendoza, en donde recuperamos 2600 niños, habiendo fallecido uno solo. Nos dolió el alma aquella criatura, pero nos tranquilizó el saber que el handicap alcanzado no tiene parangón en el mundo. Es cierto, nadie es buen juez en causa propia; por tanto, para corroborar que no vamos por camino equivocado, procuramos que otros auditen nuestro trabajo para corregir defectos y recibir orientaciones.

¿Saben qué dijeron quienes estudiaron la tarea que llevamos a cabo hace más de 25 años? "La atención integral de un niño desnutrido, y la incorporación de la madre al cuidado cotidiano, es una estrategia sinergística que genera una recuperación veloz del grado evolutivo psicomotriz, peso y talla de los pacientes". A ésta conclusión llegaron los investigadores de un equipo dirigido por Marcelo Montorzi de la Universidad de Harvard, al evaluar la recuperación psicomotriz de 75 niños desnutridos graves tratados con método de integración materna. Integrar a la madre al tratamiento nos dio un reconocimiento de fama mundial.

Esto no lo decimos por vanidad u orgullo, sino porque el camino emprendido tiene importantes garantes. Alguno de ellos, como la Universidad de Granada, España, que en abril del 2013 nos otorgó el Premio Mataix al "Mejor emprendimiento Institucional en Nutrición Comunitaria del Mundo". También recuerdo a la Sociedad Española de Nutrición Hospitalaria, que concluyó que la intervención de CONIN "era única e integral, replicable en otros continentes, teniendo un gran impacto sanitario, sobre la población de bajos recursos en su área de influencia, con una elevada repercusión social, ya que potencia la familia y su entorno como base del correcto desarrollo físico e intelectual del niño, que, unido a un adecuado aporte de nutrientes, le permite desplegar su potencial genético". Finalmente, es imposible no hacer mención a la prestigiosa revista británica, The Lancet, cuando en el 2008 y luego de sorprenderse con las conclusiones de una investigación de la Universidad de York sobre nuestra labor (la cual estimó que los Centro CONIN generaban un ahorro neto al país de 1.000 dólares niño), envió a un conjunto de investigadores a 17 países del tercer mundo y con contundencia, sentenciaron: "nuestros resultados sugieren, fuertemente, que la desnutrición lleva a la discapacidad a largo plazo. Esta evidencia, junto con los conocidos efectos a corto plazo de la desnutrición, son suficientes para dar prioridad a la prevención de la desnutrición en programas nacionales de salud, y de educación en las agendas económicas de los países de bajos y medianos ingresos".

No todo fue rosas en este sendero. Me quebré y me arruiné por este sueñoHipotequé mi casa, me fundí. Sin embargo, siempre la sociedad y las casas de estudio más importantes del país respaldaron lo que hacíamos. ¿Cómo olvidar el Premio Hipócrates 2000, que es la distinción máxima que da la Academia Nacional de Medicina? Y así fue como siguieron las investigaciones que confirmaban que debíamos continuar.

Nunca optamos por ignorar lo que veíamos. Por eso buscamos a la Federación Argentina de Sociedades de Otorrinolaringología y la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (FLENI), cuando detectamos que los desnutridos tenían dañado su procesamiento auditivo. Sus conclusiones, confirmaron lo que suponíamos: "la desnutrición es un factor determinante en el retraso del desarrollo psicológico del niño; mientras más precoz e intensa sea, más evidentes y severas serán las alteraciones del desarrollo". Y alabando nuestra tarea para paliarlas o suprimirlas, señalaron otras consecuencias más dolorosas: "los niños expuestos a una desnutrición crónica sufren disminución en su funcionamiento intelectual. En este caso, el 87 % de la población evaluada presentó alteraciones en las pruebas de lenguaje. Las dificultades audiológicas de percepción auditiva en estos niños podrían tener alta correlación con el bajo rendimiento escolar".

Hoy estamos ante un desafío gigantesco. Por primera vez podemos trabajar a escala, debido a que el Gobierno Nacional nos ha convocado. Nos hemos propuesto llegar al 2019 atendiendo 70 mil niños que tendrán un mejor futuro. Pero este flagelo no se soluciona en un mandato sino en 20 años. Por eso toda la sociedad, sin distinción de ideologías, debe estar detrás del ideal de proteger al niño en su más tierna infancia. Es la desnutrición lo que debe ser colocado en el centro del debate, postergando toda disidencia religiosa o política, que jamás debe primar sobre la necesidad y el deber de erradicarla.

CONIN y quien escribe, seguirá trabajando sin tregua por los que no tienen voz pero si humanidad. Lo hacemos justamente para homenajear a un gigante de la medicina que ya no está: el Dr. Abraam Sonis. Aquel que fuera catalogado como el padre de la epidemiología latinoamericana y que nos enorgulleció con sus palabras al destacarnos de este modo: "el trabajo de CONIN es notable. El conocimiento científico siempre es un espiral ascendente. La base la tenía que hacer alguien. Mönckeberg, Chile, Centros de Tratamiento. Chile se incendiaba. Pero la voluta de ascenso la han hecho ustedes, Argentina, Centros de Prevención. Y como en medicina es mejor prevenir que curar, hay una sola manera de superar el trabajo de ustedes. El político que se dé cuenta y haga de esto una política de estado".